Politica e Ideas

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Name: Andrés Rojo
Location: Quilpué, Valparaíso, Chile

Soy periodista y desde hace años testigo directo de la política chilena, y estoy tratando de hacer de ello mi principal actividad junto con la literatura

Sunday, December 20, 2009

PALOS DE CIEGO


Por primera vez, un candidato presidencial que queda en tercera posición en la primera vuelta electoral se ha transformado en el nudo de la competencia para la segunda vuelta. La reacción es lógica, ya que de todas las elecciones realizadas desde que existe el mecanismo de la segunda vuelta, es la primera vez que el tercero en carrera alcanza una votación significativa y es también la primera vez que existen dudas respecto al destino de los votos del tercer candidato.

Lavín sacó más votos que Enríquez-Ominami, pero era evidente que el grueso de sus sufragios iría a Piñera. Ahora se ha planteado que el caudal del díscolo se dividiría en tres tercios, aproximadamente, en beneficio de Frei, Piñera y del voto nulo, que en estas circunstancias favorecería a Piñera, ya que se trata de obtener la mayoría de los votos válidamente emitidos, con lo que los nulos sólo sirven para reducir la meta final.

Con la confusión, la Navidad y el año nuevo entre medio, el mes teórico de campaña para la segunda vuelta se acorta a unos pocos días y aún no se divisan luces de que los comandos de los candidatos en carrera logren entender por qué el caso de los votantes de Enríquez-Ominami es distinto a lo que se ha visto en estas ya casi dos décadas de democracia.

Por un lado, votaron por el candidato independiente personas que podrían haber optado por Piñera en la primera vuelta, pero que se sintieron atraídos por el mensaje liberal de Enríquez-Ominami. Para ellos sólo se ha entregado como mensaje la posibilidad de que el programa económico de Piñera incluya algunas de sus propuestas, pero nada central.

Por el otro lado, personas que históricamente han votado por la Concertación también prefirieron en esta oportunidad a Enríquez-Ominami, no sólo en señal de protesta por el anquilosamiento del pacto gubernamental o los casos de corrupción conocidos y por conocer, sino porque se sintieron interpelados por una convocatoria a la mística, a la recuperación de los sueños que la Concertación ni siquiera contempla en sus propuestas.

Así las cosas, tuvo que salir por escrito en la prensa qué es lo que pide el sector de Enríquez-Ominami para facilitar que alguien entienda qué representa: La salida de los presidentes de la Concertación, no por una cuestión de animosidad en su contra -salvo el caso de Camilo Escalona- sino porque representan una forma de hacer política que se considera atrasada en varias décadas; que se avance en la democratización del país con la elección de las autoridades regionales y la legislación que posibilite la iniciativa popular de ley; en lo económico, una reforma tributaria con sentido de justicia social y la corrección del royalty a la minería. Pero no hubo respuesta.

¿Implica ello que no se quiere o no se sabe ver lo que representa Enríquez-Ominami; que se cree que las formas tradicionales de hacer política bastarán para recuperar a los descreídos de un sistema político que se basa en el blanco o negro; o que cada comando cree que acceder a las peticiones del mundo que representó la tercera candidatura es un riesgo aún mayor que perder la elección?

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Monday, December 14, 2009

LA MURALLA SIGUE EN PIE


Malas noticias. Si alguien pensó que las elecciones de ayer domingo servirían para cambiar la realidad política nacional, el error fue mucho más grande de lo que hasta los más pesimistas consideraron en los días previos.

No sólo los candidatos que representaban alternativas respecto al escenario político previo fueron derrotados sino que, en las parlamentarias, salvo tres excepciones del PRI, los 120 diputados electos corresponden al esquema esquematizado en blanco y negro de Concertación-Alianza.

Se podrá argumentar que fueron elegidos tres candidatos comunistas, pero la verdad es que no fueron electos por mérito propio sino gracias al subsidio de la Concertación, por lo que al menor asomo de rebeldía se les retirará el apoyo y languidecerán a la espera de una reelección que nunca llegará.

La ciudadanía no sólo parece satisfecha del sistema electoral binominal, contra el cual se ha vertido tanta tinta crítica, sino que además votó siguiendo el esquema del bipartidismo que impone el binominal, a pesar de que en esta ocasión, más que nunca antes, tuvo otras opciones. La única conclusión posible al respecto es que el sistema binominal ya no necesita un modelo electoral determinado porque ya forma parte de la cultura política nacional.

En este sentido, el término de la exclusión que se ha proclamado en las últimas horas como el gran cambio de estos comicios no es real. Los comunistas electos lo fueron por un subsidio, y los únicos diputados electos realmente alternativos son los tres del PRI, gracias a su condición de caudillos locales, y un diputado independiente en Punta Arenas, apoyado por el respectivo caudillo local.

Gracias al subsidio, los comunistas con el 2 por ciento elijen tres diputados; mientras que los adherentes de Enríquez-Ominami, que suman 4,5 por ciento no elijen ninguno; y el Pacto del PRI con el MAS sumando 4,4 por ciento elijen otros tres diputados. Es evidente que el sistema electoral no representa fielmente la decisión ciudadana, pero esas son las reglas aceptadas por todos. El hecho de que, en lugar de hacerse una reforma, la Concertación haya preferido subsidiar a los postulantes del PC habla bien de su generosidad, que será debidamente retribuida en la segunda vuelta de la elección presidencial, pero no es una solución al problema de fondo, que es la falta de representatividad del sistema político.

El aspecto más preocupante es el 20 por ciento alcanzado por el candidato independiente Marco Enríquez-Ominami, que queda fuera de la contienda presidencial y sus partidarios marginados del Congreso. Uno de cada cinco chilenos no tiene entonces ningún representante ni en el Ejecutivo ni en el Legislativo.

Desde ese punto de vista, tras estas elecciones la muralla que limita el desarrollo de la democracia, impuesta por la dictadura a través del sistema binominal y bien aceptada por los dos grandes pactos políticos, sigue tan firme como siempre, con el agravante de que las esperanzas de un 20 por ciento de personas (25 por ciento si se considera el pacto del PRI y el MAS) en un cambio de la política nacional, aunque parcial y limitado, se ha vuelto a estrellar contra la realidad.

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Sunday, December 06, 2009

EL FUTURO DEL PAÍS


Por esas casualidades mágicas, el funeral de Víctor Jara se llevó a efecto apenas ocho días de la elección presidencial y parlamentaria del próximo fin de semana. Evidentemente, no hay una relación entre una cosa y la otra, pero la idea de que el país se reencuentre con los errores del pasado y los repare habla bien de una nación que tiene que tomar una decisión respecto a su futuro.

La elección presidencial no se limita de modo exclusivo a resolver quién ocupará La Moneda por los siguientes cuatro años, sino que es, en cierta forma, el cierre de un excesivamente largo proceso de reconciliación y reencuentro entre los chilenos.

El hecho de que, por primera vez en veinte años, no esté remotamente asegurado el triunfo de la Concertación, que fue a su vez el pacto político encargado de conducir el camino de recuperación de la democracia es una señal clara de que, esta vez sí, la transición está cerrada, a pesar de que su término sea incompleto e insatisfactorio. Veinte años han sido más que suficientes para sanar las heridas abiertas por la dictadura, y si no se ha logrado avanzar más en la reconciliación es necesario asumir que el resto sólo dependerá del tiempo.

Aunque suene duro para algunos, lo que se juega en esta elección es el tipo de desarrollo político, económico y social que tendrá Chile durante la primera mitad del siglo XXI. Está la posibilidad de retomar el camino del liberalismo puro, retomando lo que se hizo durante la dictadura con las correcciones dadas por la experiencia de estas últimas dos décadas en Chile y el mundo; está la alternativa del modelo de mercado con protección social, inspirado en las naciones del norte de Europa con las limitaciones de un país subdesarrollado; y está la opción de poner el acento en la redistribución de la riqueza, sin descuidar necesariamente el crecimiento.

Estas fórmulas no son excluyentes ni absolutas porque, aunque tampoco sea del agrado de algunos grupos del mismo modo que ocurre con el tema de los derechos humanos, el mercado como herramienta de la economía ya no está en discusión y las únicas diferencias entre las candidaturas se refieren al acento de su relevancia dentro del Estado.

La elección de fondo, la relevante, es si seguiremos delegando en la clase política la tarea de tomar las decisiones importantes para el país, o sí, de acuerdo a esa señal de madurez cívica que se dio con el funeral de Víctor Jara, en que unos y otros, por sobre cualquier diferencia política del pasado, reconocieron la importancia de dar una despedida digna a uno de nuestros más grandes artistas, serán los ciudadanos los que tomarán el control sobre sus vidas y sus destinos.

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LO QUE QUIERE CHILE


Parafraseando a Freud con su ¿qué quiere le mujer?, los candidatos presidenciales y parlamentarios se han venido preguntando ¿qué quieren los chilenos”, con el único propósito de poder interpretar de mejor manera los anhelos de la ciudadanía y mostrarse ante esta como las personas más capacitadas para llevar adelante sus proyectos y sueños.

Es una tarea nada fácil, porque una de las principales transformaciones de las últimas décadas ha sido la multiplicación de las diferencias al interior de la sociedad chilena, por lo que quien aspire a contar con la mayoría del respaldo expresado en los sufragios tiene que comprender cuáles son los grupos mayoritarios, de modo de poder asegurar una base de apoyo suficiente para alcanzar el triunfo electoral.

En todo caso, la tónica en estos tiempos parece ser el imperio de las minorías. Ya no se habla de lo habitual sino de lo que se escapa a la norma, y en esa carrera por lograr la identificación con cada nuevo grupo social que parece tomar existencia se producen dos riesgos: Por un lado, olvidar al promedio, ese que no pertenece a las minorías sino que es un poco de cada cosa, el que tiene una pizca de esto y de aquello.

El segundo riesgo es perder la propia identidad, en el apuro por lograr la identificación con la mayor variedad posible de potenciales electores. Una cosa es conquistar la empatía con los votantes y otra muy distinta es convertirse en un remedo de un pastiche, una suerte de collage antropológico en el que la esencia se pierde ahogada por los múltiples rostros que se asumen como caretas, reemplazables y desechables.

Cuando se llega al extremo de la exageración, lo que es un proceso relativamente esperable cuando se afrontan campañas estrechamente disputadas y extensas, en que cada voto parece ser decisivo y cada día parece ser el último y definitivo, es posible llegar a suponer que puede ser preferible mostrarse con total honestidad y transparencia al electorado y pedir que sean los propios ciudadanos los que decidan si se sienten representados por determinado candidato.

Por otra parte, sería oportuno recordarle a los votantes que en una democracia representativa, como se supone es la chilena, los gobernantes no son dueños absolutos de la verdad ni son personajes omnipotentes capaces de resolver con su sola firma la infinita variedad de problemas que enfrenta cualquier grupo humano, sino que sólo representan a los propios ciudadanos y cualquier avance es fruto del esfuerzo colectivo.

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Monday, November 23, 2009

LA OTRA ELECCIÓN

El indudable entusiasmo por la elección presidencial, dado su carácter como una de las de más difícil pronóstico de las últimas décadas, ha llevado a que la atención de la opinión pública se distraiga de la otra elección, quizás tan importante como la presidencial: La renovación de la mitad del Senado y la totalidad de la Cámara de Diputados.

Quien sea electo, tendrá que basarse inevitablemente en un Congreso que, a la luz de los antecedentes disponibles, será al menos de difícil trato para las pretensiones de un Ejecutivo que no dispondrá de una mayoría parlamentaria sólida y permanente. Cualquiera de los candidatos presidenciales que triunfe no tendrá el apoyo del Congreso, por la sencilla razón de que la sola posibilidad de que una mínima parte de los postulantes al Parlamento ajenos a la Concertación o la Coalición por el Cambio puedan resultar electos significa, en los hechos, que ningún bloque tendrá mayoría.

Si a ello se agrega el creciente interés de algunos sectores políticos por promover un cambio del sistema político nacional del actual presidencialismo exacerbado hacia una versión moderada de presidencialismo o directamente hacia un parlamentarismo, están dadas las condiciones para que el sistema político siga siendo motivo de críticas y de señales de insatisfacción, ya sea por la falta de representatividad o su ineficiencia para responder a las necesidades de la comunidad nacional.

Sin duda alguna, nadie le ha informado a la ciudadanía que los representantes que elija para el Parlamento el próximo 13 de diciembre no sólo tendrán la tarea de apoyar o de obstaculizar la gestión del siguiente Presidente de la República, sino que además, y quizás de manera especial, tendrán la misión de liderar el proceso de cambio en el sistema político que parece ya ineludible.

La posibilidad de optar entre meros administradores del actual modelo político -que, sin importar quién lo administre, tiene evidentes fallas en lo que se refiere a su capacidad de representación y eficiencia- o de promover un recambio de nuestra dirigencia política que trascienda las caricaturas generacionales entre ser joven o viejo debería ser un asunto central en la votación parlamentaria.

Más allá de que esta situación de disyuntiva pueda estar o no madura para diciembre, es interesante constatar que la figura demarco Enríquez-Ominami ha generado un efecto que no produjeron anteriormente otras candidaturas presidenciales alternativas, ya fueran Manfred Max-Neef o Cristián Reitze en 1993; Arturo Frei, Sara Larraín o Tomás Hirsch en 1999: o el mismo Hirsch el 2005, y eso es demostración de que los cambios en la sociedad son reales y deben ser recogidos por los postulantes al Congreso Nacional.

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Monday, November 16, 2009

LA RECTA FINAL


Cuando queda ya menos de un mes para la primera vuelta de la elección presidencial es importante darse cuenta que esta es la fase menos política de la campaña y que la exposición de contenidos programáticos ya pierde casi total relevancia.

A juzgar por las encuestas, más allá de la confiabilidad de unas u otras, se va a producir una segunda vuelta y el misterio está reducido a la dupla que pasará este primer obstáculo. Al mismo, los estudios muestran que las personas que no han definido aún su voto son aquellos que tienen menos interés en la vida política del país, es decir personas a las que no les importa mayormente que un candidato proponga más Estado o más mercado que los otros.

Esta es gente que difícilmente va a resolver su voto hasta entrar en la urna de votación y enfrentarse con el papel con cuatro nombres. En ese momento, estas personas no van a hacer sesudos análisis sobre el candidato que más se acerca a su propio pensamiento ni quién es mejor para el país, sino que van a marcar el nombre de quien les parezca más cercano, más amable, más humano incluso.

Es hacia este universo de votantes que está enfocada la franja de propaganda por televisión. Para ellos no hay argumentos racionales que valgan: Lo que importa es la empatía, una razón más para dificultar cualquier pronóstico en la primera vuelta electoral, considerando las diferentes capacidades de empatizar de los contendores, y la falta de certeza contribuye, a su vez, a hacer más volátiles las preferencias del electorado.

En una campaña reñida como la que se está viviendo, la tentación de anular el voto debiera verse disminuida, ya que cada persona siente que su sufragio puede ser relevante. Si no ocurre ello, es señal de que el desprestigio de la actividad política es aún más fuerte de lo que se supone y es, al mismo tiempo, una señal preocupante para la segunda vuelta, en la que sí el componente político será más gravitante. Si un 10 por ciento o más de los electores no participa en la primera vuelta, su ausencia en la segunda puede ser decisiva.

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Monday, November 09, 2009

PROBLEMAS EN LA FAMILIA


Tradicionalmente, en la historia republicana de Chile, el ejercicio de la política ha estado reservado a una oligarquía, definida más por el parentesco que por la riqueza, y eso ha implicado un pacto implícito entre adversarios que, a pesar de discrepar con rudeza y hasta con las armas en algunos momentos, terminan protegiéndose entre sí.

Durante décadas, el poder estuvo reservado para un grupo de familias, casi sin que importara si sus integrantes eran de uno u otro partido político. De hecho, es habitual que dentro de estas familias selectas existan representantes en todas las corrientes políticas.

Sin embargo, esta tradición se ha ido viendo amenazada por el surgimiento de una clase media educada y comprometida con el país que eclosionó entre los años ‘60s y ‘70s con nuevas generaciones de líderes que se ganaron un espacio en la política por su capacidad y no por su apellido, sin que ello significara el desplazamiento de los apellidos, ya que esas mismas familias supieron incorporar en su seno a estos nuevos nombres.

Ese -que era el curso natural de renovación de la política nacional- se vio interrumpido con el deterioro sufrido por la educación en las últimas décadas, restringiéndose la educación como factor de movilidad social. Los partidos políticos tampoco aportaron lo suyo en materia de formación de jóvenes y, de esta manera, se ha llegado a un momento en el que, salvo excepciones, los liderazgos y los cargos públicos de importancia están reservados para las personas mayores de los 40 años. Y las familias no han comprendido que es necesario abrir el campo de la política a todas las personas con vocación, en lugar de tratar de absorber la posible competencia.

Esta es una de las causas de la crisis de representación en que se encuentra el ejercicio de la política en Chile, ya que una ciudadanía que es mayoritariamente joven no siente confianza hacia quienes percibe como poco modernos y renovados, no existe un diálogo entre los representados y sus representantes y es ante esta desconexión que se produce el espacio para que se trate de romper el monopolio del poder que ha logrado un grupo de familias por décadas.

Las sociedades, como cualquier cuerpo vivo, tienen que pasar por períodos de transformación, pero cuando se elude el cambio -que no tiene nada que ver con posiciones políticas- se corre el riesgo de que la vida comience una fase de deterioro que es difícil de revertir. La conducta inteligente, entonces, es sumarse a este proceso en lugar de tratar de frenarlo por la vía de generar una imagen de renovación que no es real.

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Monday, November 02, 2009

ADRENALINA


A poco menos de seis semanas para las elecciones, y a diferencia de comicios anteriores, en esta oportunidad sí se percibe un mayor entusiasmo por una definición que, en el caso presidencial, se presume estrecha para el segundo lugar y para definir si hay o no una segunda vuelta electoral en enero.

Hay que decir que el entusiasmo no es generalizado, sino que se radica preferentemente en quienes ya tienen una opción tomada y están a la espera de que el esquivo “no sabe / no responde” de las encuestas elija alguna de las opciones existentes, pero es un importante avance para un sistema político que en los últimos veinte años ha tenido poquísimo espacio para las sorpresas.

Esa adrenalina ha permitido que esta elección sea una de las que más expectativas han despertado desde la recuperación de la democracia y contribuye, sin duda, a la participación ciudadana, pero es al mismo tiempo un factor de riesgo para el proceso de reacomodo político que tendrá que producirse ineludiblemente después de diciembre.

Sea cual sea el candidato del mundo de la Concertación que pase a la segunda vuelta, tendrá apenas un mes para seducir a quienes prefirieron la otra alternativa; en tanto que si Piñera no logra imponerse en la primera vuelta, tendrá la difícil tarea de entrar en la disputa por esos votos huérfanos en un ambiente que lo observa con suspicacias.

La pasión que está marcando estas últimas semanas de campaña electoral es un serio obstáculo para esas tareas, en las que tendrá que predominar la racionalidad por sobre cualquier impulso dominado por la adrenalina.

No se trata solo de asegurar la gobernabilidad del país con un mandato político sustentado en una mayoría electoral sólida sino que, sobre todo, tendrá que haber una recomposición de los pactos políticos tradicionales de los últimos 25 años y eso sí que requiere la mayor serenidad posible para poder ofrecer al país un sistema de partidos eficiente y capaz de estar a la altura de los requerimientos de la sociedad.

Para algunos, este proceso de readecuación debe incluir necesariamente el retiro de quienes fueron protagonistas de la política nacional en las últimas décadas, pero eso significaría restar la experiencia a una fórmula en que la adrenalina de la juventud no basta para asegurar las mejores definiciones. Por el contrario, tampoco se puede pretender reservar la responsabilidad a los mayores que ya carecen de la ambición por construir un mundo mejor.

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