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Location: Quilpué, Valparaíso, Chile

Soy periodista y comentarista político.

Sunday, April 10, 2011

EL DELICADO SENTIDO DE LA CREDIBILIDAD


Lo sucedido en las últimas semanas con la Iglesia Católica chilena, unido a las encuestas que persistentemente muestran que la credibilidad es el atributo menos valorado del Presidente de la República, amenazan con convertir al país en el paraíso del relativismo, ya que al no haber autoridades que despierten la confianza de la gente resulta cada vez más natural que las personas desconfíen de todo el mundo, que prevalezca la opinión de que en todos los ámbitos hay algo engañoso y que, al final, el pueblo se encuentra liberado a su propia suerte, asumiendo que ninguno de los poderes que prometen ocuparse de su bienestar puedan o quieran siquiera responder a su compromiso. No es comparable la situación de un Presidente que lleva poco más de un año de ejercicio con una religión que ha estado presente en la sociedad desde la conquista y la colonización, pero en ambos casos su poder, entendido como su capacidad para impulsar las iniciativas que apuntan a conformar la sociedad según su visión, depende de su credibilidad, y sin credibilidad es poco lo que pueden hacer, por muchas explicaciones que se den para justificar el deterioro de su imagen, Sin credibilidad, los mismos argumentos para explicar este fenómeno carecen de validez a los ojos de la opinión pública. En esas circunstancias, las personas tienen dos opciones: Buscar nuevos dirigentes que les otorguen la seguridad que no les pueden dar los anteriores, o bien adoptar la autonomía como forma de vida, asumiendo de paso un distanciamiento respecto de las instituciones. Esta segunda alternativa implica el riesgo de que el conjunto de la sociedad experimente un deterioro del conjunto de la organización social, aunque sea por culpa de unas pocas autoridades que no han sabido responder a las responsabilidades propias de sus cargos. En todo este proceso de pérdida de credibilidad y reasignación de las confianzas, las personas tienden a evaluar al conjunto de instituciones que ordinariamente ordenan sus vidas, pero también ponen en duda el grado de lealtad que le deben a la sociedad y esa reflexión la hacen en un estado de malestar y confusión, sin guías ni más orientaciones que el rechazo a lo conocido. El camino a la desintegración queda, entonces, abierto. La credibilidad es una distinción, una suerte de recompensa a la honorabilidad, la integridad y la consecuencia, que trae consigo cuotas de beneficios en términos de poder, pero lleva aparejada consigo una importante cuota de responsabilidad, y en estos momentos la primera tarea debe ser proteger la organización de la sociedad y a las instituciones que demuestren que siguen siendo importantes.

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