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Location: Quilpué, Valparaíso, Chile

Soy periodista y comentarista político.

Sunday, January 10, 2010

PARA LA GALERÍA


Para quienes creen que la disputa entre las dos candidaturas presidenciales que deberán enfrentarse exactamente en una semana más ha llegado a un nivel de confrontación peligroso para la vida nacional posterior, hay que explicarles que los fuegos de artificio desplegados para atraer el voto de los indecisos no tienen más sustancia que la pólvora de la que se alimentan.

Para quienes temen que la virulencia entre los comandos significará que el perdedor hará lo posible por impedir que el triunfador pueda gobernar, es necesario recordarles que el sistema político chileno está hecho para que el Presidente pueda prescindir del Parlamento en la mayor parte de las decisiones políticas.

Por lo demás, la institución del Presidente de la República es tan fuerte que es difícil pensar que algún parlamentario o partido político crea que tiene la fuerza para enfrentarlo.

Todas estas amenazas, fintas y aparentes llegadas de sangre al río son exclusivamente para atraer la atención del público. En los tiempos actuales, las campañas políticas son un show en el que triunfa el personaje que produce mayor rating, y después de la elección se vuelve a la marcha normal, con listas de postulantes a los cargos, reuniones de negociación con los partidos y el aterrizaje de las promesas hechas durante la campaña, con la debida explicación respecto a que cuando se escuchó hablar de un puente debió entenderse analizar la factibilidad de construir el puente.

La única novedad en esta elección es que la irrupción de la demanda por la renovación descolocó a los partidos, obligándolos a incorporar un elemento más en el abanico de factores a considerar en los discursos. Así, si antes había que hablar de seguridad ciudadana, de justicia social, de la mujer, de la familia, hubo que agregar la promesa de impulsar la modernización de los partidos. Y atención, que esta exigencia es para todos los sectores y no sólo para los que se sintieron aludidos.

Pero fuera de modificar las pautas de la propaganda, no se divisan mayores cambios. O se si prefiere menos pesimismo, no hay nuevas promesas que no se hayan hecho ya antes y que sigan pendientes de cumplimiento. La economía no va a cambiar, la inserción del país en la comunidad internacional tampoco. Las libertades públicas y el sistema de protección social no van a tener alteraciones significativas.

Lo único relevante es que hay un gran número de personas que dependen de la elección para mantener o encontrar un nuevo trabajo.

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