Politica e Ideas

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Location: Quilpué, Valparaíso, Chile

Soy periodista y comentarista político.

Sunday, August 28, 2011

LOS NEGOCIADORES



La semana concluyó con el aparentemente positivo anuncio de la invitación del Presidente de la República a sostener un diálogo directo con los dirigentes del movimiento estudiantil, pero esta noticia inevitablemente hay que analizarla y seguirla con cuidado porque es la posible conclusión de un fenómeno social que no ha sido típico, por lo que no hay razones para suponer que su término se desarrolle tampoco de manera tradicional.



Ya se ha visto que, a medida que los estudiantes fueron adquiriendo peso político gracias al respaldo ciudadano, fueron aumentando al mismo tiempo sus exigencias de la inicial calidad y gratuidad de la educación a aspectos que llegan a la reforma del sistema político con el reemplazo de la Constitución. Parece poco probable añadir más demandas, pero eso da cuenta de cómo el movimiento desborda lo que podrían haber sido sus cauces tradicionales.



Del mismo modo, en la negociación misma tendrá que considerarse que cada una de las decisiones tendrá que ser consultada a las bases, lo que implica una larga rutina de pronunciamientos que para el político tradicional se parece más a un esquema de asambleísmo que produce una natural desconfianza por su similitud a métodos empleados por todos los partidos políticos para disimular el proceso de toma de decisiones, pero que para los estudiantes parece encarnar su comprensión de lo que es la democracia.



Frente a lo que ha sido un fenómeno disruptivo que amenaza los dogmas de la política tradicional, es necesario insistir que el Gobierno y los partidos difícilmente podrán dar soluciones si no se adaptan al nuevo paradigma impuesto por las movilizaciones ciudadanas.



Sin embargo, se mantienen a la vez algunos principios básicos de lo que es en una negociación. en la medida que se trata de una transacción entre partes que están en desacuerdo, y en eso no tiene nada que ver la política. Dentro de esos principios están, por supuesto, el diálogo y la necesidad de ceder si de verdad se quiere un acuerdo y en estos dos sentidos es posible esperar situaciones decepcionantes en el largo camino de las negociaciones que se desarrollarán a partir del martes.



Es sabido que tanto el Gobierno como los estudiantes han mantenido férreamente sus posturas. Uno tiene tras sí la institucionalidad y el otro el respaldo de parte importante de la ciudadanía y nada hace suponer, por ahora, que tengan la disposición necesaria para avanzar en las negociaciones, pero eso es parte sustancial también de cualquier proceso negociador ya que el primero que muestre debilidad arriesga terminar cediendo más que su contraparte.



Un problema adicional es que no se vislumbra tampoco la posibilidad de que las dos partes puedan concordar en un mediador, y así las cosas es improbable que se logren resultados en el corto plazo y que todas las expectativas resulten satisfechas, como quizás desea la mayor parte de la ciudadanía.

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Sunday, August 21, 2011

PARTIDOS POLÍTICOS: SÁLVESE QUIEN PUEDA




Nadie pone en cuestión que los partidos políticos jugaron un rol central en los procesos a través de los cuales las sociedades de los distintos países establecieron sus diferentes sistemas de gobierno, a partir del siglo XIX, cuando el declive de las monarquías que imperaron durante los mil años del medioevo abrieron la necesidad de buscar nuevas formas de organización política.



Los partidos cumplen tres roles básicamente, ninguno de los cuales parece estar ya en vigencia. Primero, contribuyeron al ordenamiento institucional de las sociedades, lo que concluyó con la adhesión de la mayoría de las naciones a la democracia en sus distintas modalidades. Segundo, y en este punto la discusión ya es más delicada, son los que imponen desde el Gobierno el ordenamiento político, económico y social de las naciones de acuerdo a un conjunto determinado de nociones que, integrado en un cuerpo organizado de pensamiento, representan lo que se conoce como ideología.



Se podrá discutir si la caída del Muro de Berlín y de los socialismos reales representaron el triuinfo del capitalismo o si la inminente quiebra de Estados Unidos significa a su vez la derrota del capitalismo, pero lo que no se puede discutir es que el predominio de la globalización en las relaciones políticas y económicas entre naciones y personas, los avances en las comunicaciones y su impacto en la participación política, se encaminan en la tendenciade hacer irrelevantes las ideologías.



Hoy la ciudadanía espera y exige soluciones sin fijarse en las ideologías como factor principal, sino en la necesidad de que imperen la justicia y la equidad, y frente a cada nuevo problema demanda reacciones específicas. La existencia de partidos que dan el mismo tipo de respuesta a cada exigencia ciudadana, ya que reaccionan desde su ideología, aparece entonces como un elefante ciego tratando de encontrar la salida en una cristalería.



La gente ya no espera de los partidos la reacción que puede provocar mediante su propia participación y movilización. Si se queda esperando que un partido se dé cuenta de la existencia de los problemas que nacen todos los días en la sociedad, lo más probable es que se acumulen la frustración y la impaciencia. Es eso, más que la corrupción o la indolencia, la causa del descrédito de los partidos políticos. Siempre los políticos han aprovechado el poder para su beneficio, pero ahora se entiende que además ni siquiera escuchan a la ciudadanía y, por ende, no parecen capaces de resolver nada, y esto deja por el suelo la tercera función de los partidos, que es la de articular los diferentes y legítimos intereses coexistentes al interior de la sociedad para buscar los acuerdos necesarios y, por medio del consenso, satisfacer a las distintas partes en conflicto.



Ni hablar de la posibilidad de que los partidos logren ordenar a la opinión ciudadana en respaldo a sus propios proyectos, ya que cada vez más la gente no logra percibir la diferencia en los programas de gobierno de los distintos partidos y si vota por alguno es simplemente porque hay que votar por alguien.



En estas condiciones, es esperable que con creciente frecuencia la propia gente organice movimientos orientados a conseguir respuestas frente a necesidades específicas, renunciando a la pesada institucionalidad de los partidos como alternativa de organización.



En Chile, los díscolos fueron la primera señal de que, dentro de los partidos de la Concertación entonces gobernante, había quienes se empezaban a inquietar por la incapacidad de sus colectividades para sintonizarse con la gente. Luego, el fenómeno se comenzó a extender entre los partidos de la Derecha y ahora, con la demanda por un plebiscito, el mensaje para todos los partidos es claro: No sirven simplemente y quienes tienen una real inquietud por los asuntos públicos tienen todo el derecho de tratar de actuar por vías alternativas a los partidos.

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Sunday, August 14, 2011

¿Y SI USTED FUERA PRESIDENTE?



Si usted fuera Presidente de la República, un tipo con fama de inteligente y exitoso, pero no le resultan las cosas y en un año pasa de la gloria mundial por el rescate de los 33 mineros atrapados a 700 metros bajo tierra a la crítica también mundial por el rechazo ciudadano, ¿no estaría deprimido?



Si sus principales proyectos, promesas que le ganaron importantes votos para ser electo, pasan sin pena ni gloria porque al mismo tiempo decenas de miles de personas salen a la calle a protestar por problemas que han permanecido sin solución por años, pero reclaman que sea usted el que les de una solución, que además piden que sea inmediata aunque vaya en contra de su propio pensamiento, ¿no estaría deprimido? ¿No pensaría acaso que cometió un error con querer ser Presidente para encontrarse con tantos obstáculos e ingratitudes?



Si sus propios partidos no concurren a la ceremonia en la que firma el proyecto de ley para establecer el Acuerdo de Vida en Común, que es sin duda un profundo paso en la modernización de la sociedad, en el reconocimiento de los derechos de todas las personas, en la erradicación de la discriminación, acogiendo incluso los reparos de quienes no quieren que se hable de matrimonio gay, ¿no sentiría la tentación de mandar a paseo a sus partidarios aunque se quede sin nadie que lo respalde?



Hace un año se paseaba repartiendo por el mundo pedazos de piedras de los mineros rescatados. Hoy los editoriales de los mismos países que lo ensalzaron, lo cubren de recomendaciones sobre lo que debería hacer, insistiendo sobre todo en lo mal que lo ha hecho el mismo personaje que antes era brillante, audaz, inteligente y exitoso.



La verdad es que es francamente difícil el oficio de político y más aún el de Presidente, siempre sujeto a la crítica y al cobro de cualquier frase, aunque la haya dicho veinte años atrás. Cualquier ciudadano puede cambiar de opinión, cualquiera se puede equivocar, pero a un Presidente de la República le está vedado tener conductas de ser humano. Y eso es difícil. Cualquiera querría irse a su casa, dedicarse a la jardinería, renunciar a hablar con nadie por varios días.



Y además está ese afán de reírse porque tiene tics nerviosos, porque se equivoca de vez en cuando. Si hasta le han puesto un nombre a su colección de errores, le hacen caricaturas y siempre hay alguien listo para exponer urbi et orbe cualquier error, cuando errar es humano.



No cualquiera tiene vocación de robot y tampoco nadie tiene tanta paciencia. Son cuatro años, que no parecen tanto, pero bajo semejante presión parece una eternidad y, sobre todo, una tortura a la que nadie en su sano juicio querría exponerse voluntariamente.

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Sunday, August 07, 2011

LA PLAZA



Desde tiempos antiguos, la plaza ha sido el lugar en el que los ciudadanos se reúnen para intercambiar información, exponer sus problemas y buscar acuerdos que hagan posible su convivencia. En la medida en que las ciudades fueron creciendo, estas responsabilidades que son indispensables para el funcionamiento de las sociedades, fueron siendo delegadas en los profesionales de la información y de la política, aunque la plaza nunca ha dejado de ser el espacio lógico de encuentro de las personas.






Cuando los profesionales, los encargados de proporcionar la circulación de los nutrientes que requiere la comunidad en su calidad de cuerpo vivo, comienzan a fallar en el cumplimiento de sus responsabilidades, es normal que la gente vuelva a la plaza para suplir sus necesidades por sí misma, y por eso que es importante la preservación de los lugares públicos como espacios comunes abiertos a todos.






Las plazas no se pueden privatizar, no son de propiedad privada ni pueden ser restringidas al libre acceso de los ciudadanos porque, aunque puedan parecer un simple pulmón verde para las ciudades contaminadas o una vía de paso, siempre guardan en sí el potencial de ser el lugar que constituye el núcleo de la comunidad. Tienen que estar disponibles de manera permanente y eso implica que nadie se puede arrogar derechos sobre ellas, y mucho menos quienes han recibido el mandato del conjunto de la sociedad para resolver sus problemas y, al no hacerlo, vuelven a hacer necesarios los encuentros en la plaza.






La plaza está sobre la autoridad e incluso sobre la ley, porque es en ella donde se congregaban las personas para definir la ley. Esa tarea fue delegada luego al Parlamento. Si los parlamentarios tienen inviolabilidad ante la ley, es lógico presumir que sus antecesores y mandantes, es decir los ciudadanos, también son inviolables ante la ley, al menos mientras no transgredan la legalidad de manera grave y flagrante.






La necesidad de volver a la plaza se produce precisamente cuando no se las respeta como el lugar de encuentro ciudadano que es, porque la gente percibe como un asunto de vital importancia su derecho a reunirse, a expresar sus opiniones y exigir soluciones.






Las normas que se deben cumplir -no escritas pero más válidas que las consideraciones reglamentarias y burocráticas, basadas en la débil excusa de resguardar el orden público precisamente del propio público- son las mismas del diálogo democrático, es decir: Respeto por el adversario ocasional, la sincera disposición a avanzar en la solución de los problemas, la coherencia entre los dichos y los actos. Es respecto a estas exigencias que estamos fallando.

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