Politica e Ideas

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Location: Quilpué, Valparaíso, Chile

Soy periodista y comentarista político.

Sunday, April 25, 2010

METRO CUADRADO


Es comprensible la sorpresa y malestar con que se han estado recibiendo en Chile y el resto del mundo las informaciones sobre denuncias y reconocimientos de culpa acerca de la participación de sacerdotes y obispos en hechos delictuales, y aunque la situación parece de particular gravedad es necesario asumir que estas situaciones, de llegar a comprobarse, no afectarán la solidez de la institución que es la Iglesia Católica.

Aunque se demande al Papa, aunque se haya producido una seguidilla de renuncias de obispos y aunque nuevas denuncias sobre eventuales abusos ocurridos años atrás surjan cada día, no es esto lo delicado sino el hecho de que la Iglesia Católica, por razones históricas, se encuentra parcialmente al margen de la legalidad nacional e internacional.

Depende de cada país la forma en que ha resuelto el tema jurisdiccional para el caso de los delitos cometidos por los integrantes de la Iglesia Católica, pero es solo a partir de estas denuncias de abusos sexuales contra menores que algunos obispos han admitido lo que para el común de la gente es obvio: Que los delitos los investigan y sancionan los tribunales. Sin embargo, la tradición de dos mil años ha apuntado al sentido contrario, en cuanto a que a los curas los juzgan sólo sus superiores y, desde una mirada global, eso es más grave para la solidez de la Iglesia que los delitos que puedan haber cometido sus integrantes porque significa que una institución entera se margina de las leyes.

Es evidente que a lo largo de la historia no hubo mayor inconveniente en que la Iglesia Católica mantuviera su propia jurisdicción dentro de su propio metro cuadrado, pero los límites de esa área de autonomía se han ido desdibujando y moviendo en los últimos años. A la iglesia se le exige consecuencia entre sus dichos y sus obras, en todos los niveles. Desde su compromiso con el nazismo, el franquismo o algunas dictaduras latinoamericanas hasta las más recientes denuncias sobre casos de pedofilia, se le pide una conducta que ya no puede ser resuelta con recurrir a que se trata de asuntos de fe. La Iglesia ha intervenido en el mundo temporal, y ahora es el mundo temporal, el concreto, el terreno, el que se ha metido con la Iglesia.

Para una institución que basa su prestigio en su origen divino y en la infalibilidad del Papa y de sus obispos a la hora de emitir dictámenes sobre la fe y la verdad, sí que resulta peligroso haberse adentrado en los pedregosos terrenos de la justicia terrenal, pero ya no puede echar pie atrás porque el daño sería aún mayor. Lo de la pedofilia es grave, por supuesto, pero es la cara visible de un proceso muchísimo más delicado para una de la instituciones más antiguas de la Humanidad.

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Sunday, April 18, 2010

LA FAMILIA EN POLÍTICA


Tener y mantener una familia ya es difícil, pero cuando se mezcla la familia con la política es aún más complicado, como hemos podido ver en los últimos días en el bullado caso de Carolina Tohá y Fulvio Rossi, y de manera menos visible pero igualmente grafica con lo ocurrido con Gabriel Valdés.

Rossi y Tohá, un matrimonio aparentemente feliz, pero con cónyuges en distintos partidos políticos, con ambos optando a presidir cada una de sus colectividades. A alguien se le ocurre que eso no sería compatible, y entre dimes y diretes, declaraciones públicas que van y réplicas que vienen, ambos deciden no competir, pero tras ver fracturada su relación matrimonial junto con la política, ante los ojos de todo el país.

En el caso de Gabriel Valdés, lo que pesó en su decisión de rechazar la invitación del Gobierno a asumir como embajador en Italia fue la familia política, que consideró de pésimo gusto que una de las más connotadas figuras de la Democracia Cristiana pudiera cooperar con el Gobierno de la Derecha, a pesar de que Valdés quería hacerlo.

Parece mala idea, entonces, mezclar familia con la política, sea la familia nuclear o la extendida, y en esos casos la política casi siempre se impone, lo que puede parecer ilógico para quien no participa en política pero es algo evidente para quien sí lo hace. La política es absorbente, dictamina códigos de conducta personal, criterios para establecer parentescos y el círculo de amistades, lo que no tiene más explicación que en la facultad que las personas le delegan a sus partidos o camarillas para resolver la forma en que viven sus vidas.

Cualquier persona se puede casar con cualquiera, separar y hacer en su vida privada lo que se le antoje, menos el político, porque está expuesto al escrutinio público y el resultado de ese examen no puede afectar los objetivos del grupo al que se pertenece.

Cuando se plantea que los partidos, como forma de organización de la política, se encuentran obsoletos, se suele dejar de lado el impacto emocional y psicológico que producen en las personas que los integran. Hay dirigentes que han postergado a sus propios hijos por seguir una carrera política, e hijos que odian la política o se comprometen con corrientes distintas a las de sus padres como reacción a lo vivido en sus hogares.

Hemos tenido ejemplos en estos días, y lo doloroso es que este tipo de fenómenos se deben a que se privilegia la política a las personas, y eso es un pésimo antecedente para el prestigio de los partidos políticos.

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Sunday, April 11, 2010

EMPATE A NADA


A un mes del cambio de Gobierno, no se divisan los cambios prometidos ni la oposición ha logrado asentarse en su nuevo rol tras veinte años en La Moneda. Hasta ahora no hay nada, mucho ruido, sí, pero nada relevante.

Se está perdiendo el tiempo sin que nuestra clase política sea capaz de elevar la mirada hacia el futuro. Las naciones que progresan son las que logran definir, por un acuerdo amplio de la sociedad, las estrategias de desarrollo y se comprometen a mantenerlas por todo el tiempo que sea necesario. Pero en Chile los acuerdos se toman por omisión. Tenemos una determinada estructura productiva, social y cultural que presentan fallas evidentes, pero nadie dice nada.

Durante la campaña electoral, la actual alianza gobernante hizo muchas críticas de fondo, pero no se ha avanzado en las soluciones comprometidas. Es cierto que hubo un terremoto que modificó el escenario, pero hay que tener la capacidad de atender lo urgente y lo importante con la misma energía. Alemania surgió como una potencia poderosísima tras haber sido arrasada por la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo Japón, que no se quedó lamentando la tragedia de las bombas atómicas lanzadas en su territorio. Tuvimos un terremoto. Nadie niega sus costos, pero no es posible postergar decisiones estratégicas por la emergencia.

Desde el otro lado, la Concertación que gobernó exitosamente el país por dos décadas pero perdió el poder por sus propios errores y su falta de sintonía con la gente, sigue debiendo un gesto de reconocimiento de sus culpas. En lugar de eso, organiza una reunión para discutir el terremoto -siendo que eso es responsabilidad del Gobierno y su rol como oposición es fiscalizar lo que haga el Ejecutivo- y comienzan además a fagocitarse antes de siquiera sentarse a conversar.

Es evidente que ambos grupos no lo están haciendo bien, y eso se debe a que en nuestro país escasean los dirigentes políticos con visión de estadistas. La política nacional se ha enfocado en el último tiempo en la mantención y la conquista del poder, sin dejar espacio para quienes piensan la sociedad en el largo plazo.

Puesto en términos futbolísticos, la situación de la política nacional es un empate a nada, porque ni siquiera un empate a cero refleja su estado. La seguidilla de errores de unos y otros no se muestra con justicia en un cero a cero porque si nos ponemos a contar los autogoles se puede dar la impresión de que hay un avance en el marcador y la verdad es que no hay… nada.

Lo grave de esta situación es que, mientras no exista un espacio para los estadistas, seguiremos sometidos a los operadores políticos, y ya está claro que el poder se puede perder por privilegiar la simple lucha por su consecución.

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